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Todo Sobre Nuestro Grupo

Reseña Histórica

En los primeros pasos del Teatro Escambray por la región montañosa, sus fundadores comprendieron que el trabajo teatral para niños era fundamental. La participación de los actores en el Frente Infantil, era totalmente voluntaria. En 1971 el actor y director artístico Carlos Pérez Peña asume la dirección del Frente y años después recesan las puestas en escena dedicada a este público, hasta que Maikel Valdés Leiva y Teresa Denisse lo rescatan en el 2010, con el estreno de El sinsonte y el rosal, adaptación para teatro de títeres de El ruiseñor y la rosa, de Oscar Wilde, que alcanza numerosos premios y reconocimientos en distintos concursos nacionales,  como las nominaciones en Actuación  a los Premios Adolfo  Llauradó, para ambos actores, y similar nominación a los Premios Caricato, que otorga la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) con el otorgamiento final del Premio Caricato a la actriz Teresa Denisse. A partir de ese momento, Maikel y Teresa estrenan obras como Los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo, Los pintores  y Cuentos a caballo, esta última logra el Premio al mejor diseño de títeres en el Festival Titereando, de la Ciudad de Guantánamo. Sin apartarse de la animación de figuras el Grupo Teatro Los Pintores, desde el año 2010 hasta el 7 de marzo del 2016, es la premisa desde donde Teresa y Maikel, luego de permanecer por más de diez años en el Grupo Escambray, deciden mantener su arte, mostrando gran parte de su repertorio en los distintos eventos y festivales convocados por las instituciones del sistema de las Artes Escénicas en la isla "Artes Escénicas Provinciales y Nacional", acentados ahora en Asturias España,  continúan con la creación  de espectáculos donde,  a partir del vínculo que siempre ha existido entre el hombre y la materia inanimada, integrantes de la Naturaleza y en constante relación, muñeco-actor, hombre-materia,  mantienen un repertorio para el público infantil.

 
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Todo Sobre Nuestras Obras en Repertorio

Lo último y lo mejor

El Sinsonte y el Rosal

El sustrato profundo de El sinsonte y el rosal bien pudiera
enunciarse como el contraste entre las conductas motivadas por el
amor y la amistad verdaderos, y las engendradas por el egoísmo y la
vanidad. Esta recreación del triste cuento «El ruiseñor y la rosa», del
inglés Oscar Wilde, resulta una puesta llena de pícaro humor criollo;
en ella, Maikel Valdés y Teresa Denisse derrochan energía y gracia en
su interpretación de dos jóvenes campesinos cubanos: él enamorado,
ella interesada y engreída; la prueba de encontrarle una rosa roja,
«roja rojita», como condición para otorgarle un baile será el hilo
conductor
de la acción. Un punto a favor de la obra es el diseño de
escenografía y vestuario, los trajes típicos cubanos que visten estos
jóvenes están actualizados de manera que la tipicidad se recicla a
la moda y ellos lucen hermosos, gallardos y cómodos en sus tareas
escénicas. La falsa guitarra se convierte en un pequeño escenario
de paisaje rural donde un romántico sinsonte y una pragmática
y sagaz lagartija se manipulan a la vista o semiescondidos por los
actores tras este retablo minimalista. La cultura campesina cubana
también reluce renovada y auténtica: gestualidad, fraseo exagerado
que logra hacer reír sin ridiculizar, refranes, dicharachos, décimas,
intertextualidad pertinente al tema —como los fragmentos de «El
sinsonte y el tocororo», de Milanés—, bailes. Todo ello hace recordar
la larga experiencia de Teatro Escambray, aunque la puesta trae un
aire nuevo porque se trata del amor y de la sociedad cubana en
los tiempos de hoy. La peripecia del sinsonte en busca de la rosa
para su amigo permite tocar puntos neurálgicos del tema, parece
por un momento someterse al final trágico del cuento original —la
muerte del ruiseñor para darle con su sangre color a la rosa—, pero
nos sorprende con un término feliz para la historia de amor de la
lagartija y el sinsonte, aunque no para la de la pareja de jóvenes; un
acierto indudable de la versión. Teresa y Maikel nos regalan también
un excelente desempeño en la animación de figuras, comenzando
por la difícil transición de personaje en vivo a manipulador a la
vista, neutralizando el propio cuerpo para que tenga vida el títere,
atendiendo a la verticalidad y el control de la mirada, a las voces y
a la expresividad del movimiento de los disímiles personajes que
intervienen en la trama. El sinsonte y el rosal es un espectáculo
ingenioso, divertido y bien trabajado, que logra, con su intensidad
dinámica y sostenida, una genuina comunicación con sus
espectadores.

Los Pintores

Los Pintores narran la historia de tres pichones que, si bien no han emplumado como adultos, desean correr mundo y viajar, embullados por las andanzas de un pelícano artista. La obra está inspirada en el cuento original de Los Tres Pichones de Onelio Jorge Cardoso.

 Mucho se ha escrito en los últimos tiempos acerca del trabajo con los clásicos desde una perspectiva escénica, los que han estado precedidos por empeños pocos satisfactorios, derivados de una inconsistente labor dramatúrgica de directores y coreógrafos a la hora de asumir versiones- libres o no- de cualquier original.

Me preocupa sobremanera, el hecho artístico destinado a un preceptor infantil, casi siempre marcado por el paradigma discursivo de una cuentística cubana o universal, lo que significa un gran riesgo que va más allá de cualquier, otra, intención.

La lista tiende al infinito dentro de los escenarios nacionales, donde las puestas en escena, o bien provocan indiferencia o incomprensiones, y hasta miedo, que de todo se ha visto en la viña del señor.

Una de las grandes  satisfacciones de la puesta Los Pintores, de esta agrupación del mismo nombre, llega desde lo aparencial-actoral: bendita juventud que, solo por ello, garantiza frescura, presencia escénica, lenguaje evocador y, sobre todo, una aptitud poco permeada de estilos tendenciosos.

Luego, el beneplácito de una puesta que, sin apartarse de la estética postmoderna: minimalismo, objetos reciclables, intertextualidad, entre otros recursos, asume su novedad, precisamente, por la salida que le imprime a cada acción a través de recursos técnicos que funcionan como apoyatura dramatúrgica: títeres-brochas, retablo-caballete, paleta-velero…, empleados oportunamente en función de una coherencia acomodada a lo discursivo actoral.

A ello se le suma, la asunción sin titubeos del gran riesgo que entraña para cualquier actor, darle vida a más de un personaje en una misma pieza: sin embargo Teresa y Maikel emergen airosos del entuerto y cada rol presumió credibilidad, sobre todo, a través de procedimientos vocales encausados hacia la variedad de tonos y matices, amén de otros aspectos como la manipulación, ajustada, en cada caso, hacia la investidura decodificable y singularizada a través de las intervenciones.

Poder descubrir una textualidad atemperada al universo infantil, es un reto que impone cualquier adaptación desde la narrativa, pues todos los personajes adoptan una especificidad discursiva que enriquece y apunta hacia la visión de conjunto y que se calibra por medio de sus manipuladores, también personajes de la pieza, la que, sin esfuerzo, se adecua a la cosmovisión infantil no solo por la historia que referencia, los elementos imprescindibles del teatro para niños, la cuidadosa inclusión de la banda sonora y el sonido ambiental, sino por el empleo de un nivel lexical no proclive a la ñoñería ni a la necesidad de un traductor adulto: sencillamente atemperado a lo que este espectador connota y denota a través de un espectáculo que alcanza sus expectativas.

Es este quizás, uno de los aciertos esenciales de Los Pintores, la credibilidad de la historia, demostrable por medio de todos los recursos que disponen para ella, recursos muy afines con los destinatarios.

Teatro Los Pintores cautelosamente acepta lo clásico desde una visión contemporánea sin alejarse de la esencia escritural del escritor Onelio Jorge Cardoso, no solivianta lo que para el niño resulta inviolable y para ello, se regodea en la capacidad actoral para contar y, sobre todo, para convencer por medio del histrionismo, camino tantas veces extraviado en los últimos tiempos por nuestros colectivos teatrales.

Por eso cuando los niños se cansan de aplaudir, queda la esperanza que siente el náufrago al divisar la vela blanca en el horizonte.

En este estandarte estos chicos dignifican, con mucho más que buenas intenciones, un cuento clásico dentro del panorama narrativo cubano y universal.

El colectivo, como el de los tres pichones, se mantiene hacia la búsqueda de nuevas aventuras mostrando blancas velas que socorran el teatro desde la animación de figuras.








Cuentos a Caballo

De la selección de “Cuentos a caballo”, realizada y publicada en nuestro país  por Enrique Díaz, el titiritero Maikel Valdés Leiva, elige y adapta libremente  para el teatro de títeres los cuentos “El caballito de siete colores”, de Samuel Feijóo y “El dueño de los caballitos”, de Luis Rafael Hernández.

     Moviéndose festinadamente entre la tradición juglaresca y la típicamente campesina nuestra, la propuesta privilegia la visualidad y el hecho lúdico por encima del texto verbal. La narración se convierte de esa manera en un pretexto para dar paso a los títeres, que junto a los titiriteros, construyen el juego teatral que proponen estas  historias.

En el espectáculo Cuentos a Caballo;  el también  actor titiritero Maikel Valdés elige y adapta libremente para el teatro de títeres los cuentos: El Caballito de Siete Colores de Samuel Feijoó y El Dueño de los Caballitos de Luis Rafael Hernández, en donde se mezclan la tradición juglaresca y la típicamente campesina,  en cuanto a la obra el director refiere:

“Es una puesta con una escenografía muy minimalista, con la música cubana de la agrupación  La Original de Manzanillo y como justificación somos dos juglares Teresa Denisse y yo, que ella quiere contar cuentos tradicionales campesinos y yo quiero  contar cuentos de palacios y sobre la realeza y ahí  hacemos una fusión de las dos historias”.

 La propuesta privilegia la visualidad y el hecho lúdico por encima del texto, de ahí que la narración es un pretexto para dar paso a los títeres, con quienes junto a la música y el baile Teresa y Maikel construyen  el juego teatral con probados aciertos en la representación titiritera y actoral. La divertida y poética versión de los cuentos, hace del espectáculo una puesta disfrutable para el público infantil, principal destinatario de estas historias del Grupo Teatro Los Pintores.

Las Peripecias de un Cordelito

Esta puesta, dirigida a niños en edades prescolares, le exigió a los actores-titiriteros la elección de un lenguaje basado en la mímica y la funcionalidad de los muñecos, apoyados por la banda sonora que incluye además de la música las voces características de los personajes que intervienen en la historia:
una rana, un gato y un perro, en una línea argumental que no decae por un momento; gracias también a la madurez ganada por Teresa Denisse y Maikel Valdés en la manipulación y trabajo actoral, desde que asumieron la tarea de reanimar el llamado Frente Infantil del Teatro Escambray donde completaron su formación profesional y se dieron a conocer en obras como El sinsonte y el rosal, Los pintores e Historias a caballo, amén de otras incursiones en trabajos para adultos, dirigidos siempre por el sabio Rafael González. El estreno se produjo el pasado viernes en el círculo infantil La Edad de Oro, como parte de la programación de la xxv edición del festival Mejunje Teatral, luego de meses de investigación en instituciones escolares para hallar los elementos discursivos afi nes a los más pequeños, a través de peñas ―auspiciadas por la Asociación Hermanos Saíz― donde desarrollaron concursos de dibujos, poesía y canciones que contribuyeron a la conformación del espectáculo. De ahí la claridad expositiva en la obra, pese a la elección de un trozo de cordel como protagonista, con el cual tal vez no se hubiese logrado una comunicación inmediata, al no constituir un referente para la grey infantil. Sin embargo, luego de un arduo trabajo, este posible escollo fue salvado, gracias también a las dosis de ternura y cariño derramadas por Maykel y Teresa durante su desempeño actoral. El diseño de títeres, escenografía y vestuario corrió a cargo de Amelia Beatriz Delgado y el que escribe estas líneas, la correspondencia entre estos elementos y los propósitos planteados por su director, el propio Maikel Valdés, constituyeron
un reto a la hora de la elección de formas y colores pregnantes que a la vez resultasen legibles a los infantes y no les plantearan dudas sobre su accionamiento o función en escena. Por supuesto que la elección recayó en títeres de guante confeccionados en tela que pueden ser, incluso, reproducidos en casa y en la veracidad del objeto en el caso del cordelito, animado con la técnica del marote. Asimismo el retablo está constituido por una guayabera que podría ser la de papá o el abuelo, colgada a una percha de pie, habitual en algunas casas cubanas y mucho más en períodos históricos ya lejanos en el tiempo. Hasta cierto punto, Travesía de un cordelito es una obra capaz de remitirnos al ámbito doméstico, nacida de la inventiva de padres y abuelos para entretener a los infantes en casa, apoyados en la posibilidad de animar un objeto cualquiera y hacerlo protagonista de la fantasía infantil: ¿acaso la cuchara cargada de alimento no se convierte en un avioncito para estimular el apetito? De ahí, también creo en la utilidad de los recursos empleados en este montaje para los mayores encargados de la educación de los más pequeños, a veces desatendemos el acercamiento a nuestros niños y los ponemos en manos de la televisión o de los juguetes industriales, cuando tenemos la posibilidad de narrarles de primera mano ya sea el anecdotario familiar o una fábula con interés didáctico. Travesía… apuesta por los valores de la identidad y la diferencia, el respeto al otro y a sí mismo, y por supuesto al amor. La respuesta de los niños en las funciones del prestreno en el círculo infantil Los Sandinitos y en el debut de la obra ha sido el boleto para que este proyecto salga adelante y la satisfacción para Maikel y Teresa Denisse de un trabajo bien hecho. Su presencia escénica gana terreno con el carisma.

 

Galería de las Obras